31. CONTRACORRIENTE, SIN TEMOR ALGUNO
Su amor a Dios no podía tolerar pecados ni escándalos. Por Dios, sabía también actuar, si las circunstancias lo exigían. Cierto día encontró en una plaza pública a dos jóvenes que, con la espada desenvainada, los ojos ardiendo en fuego, se hallaban a punto de lanzarse el uno sobre el otro. Inmediatamente tomó el crucifijo…
