69. UNA RIÑA DE SOLDADOS
Cierta tarde, pasando por una plaza de Nantes, vio el misionero a algunos soldados que peleaban con unos artesanos. Golpes de ciego y execrables blasfemias capaces de estremecer cielos y tierra, como refiere el mismo Montfort. El misionero se acercó, se puso de rodillas, recitó un Avemaría, besó la tierra y poniéndose en pie se…
