106. NUEVO HÉRCULES
¡Cuántas veces debió nuestro santo sentir que se le estrechaba el corazón al recordar su calvario de Pont-Château! Resolvió poner a salvo al menos las estatuas, arrinconándolas en un cobertizo en espera de tiempos mejores. Dos carros espaciosos las transportaron hasta las riberas de Loira. Pero, ¿cómo pasarlas de los carros a la barca alquilada…
