Pastoral de la Caridad

La caridad pastoral es la imitación y prolongación en el apóstol de la caridad del Buen Pastor. Es la máxima disponibilidad para la misión. Es la entrega de sí mismo por el Reino, con actitudes de generosidad, disponibilidad y servicialidad.

La caridad unifica la inteligencia, el corazón y la vida. Abarca todo el ser y la vida de aquel que quiere seguir al Maestro radicalmente. El modo de pensar, de valorar, de tomar decisiones será moldeado según los criterios del Buen Pastor.

Por eso el Documento de Aparecida, aplicando la caridad pastoral para los presbíteros, nos dice: “El presbítero, a imagen del Buen Pastor, está llamado a ser hombre de la misericordia y la compasión, cercano a su pueblo y servidor de todos, particularmente de los que sufren grandes necesidades. La caridad pastoral, fuente de la espiritualidad sacerdotal, anima y unifica su vida y ministerio. Consciente de sus limitaciones valora la pastoral orgánica y se inserta con gusto en su presbiterio”.

Hagamos una aplicación de esta recomendación para todo cristiano. Nos damos cuenta que todo bautizado puede y debe unificar su vida, según la caridad, ya que es “madre y raíz de todas las virtudes”, como decía Santo Tomas de Aquino.

Podemos entender, entonces, que la caridad pastoral es esta donación sacrificial al servicio del misión; también puede ser entendida como donación de totalidad al servicio de la Iglesia y el Reino. Esta donación puede ser hecha por todo bautizado, viviendo la vocación o el ministerio pastoral para el cual ha sido llamado.

Todo esto es posible estando en comunión con Cristo, en sintonía con sus sentimientos (Fil 2,5); implica una adhesión a Jesucristo y su proyecto de vida.

En nuestra parroquia, queremos vivir esta entrega. Que el Señor nos dé su gracia y nos ilumine.